El año pasado fuí a comprar algunos materiales para trabajar en casa. Pensaba preocupado en que estado encontraría la tienda de arte, pero mi sorpresa fue enorme al ver un intenso ajetreo. Pues si, la pandemia sacó nuestro lado artístico, uno de esos mejores lados que tiene la humanidad.
La idea de tomarnos un tiempo para estar frente a frente con el papel o el lienzo se tornó apetecible durante el confinamiento, pero así como muchos se armaron de valor, otros fueron acosados por esas típicas dudas: Eso para qué, si solo se dibujar matachos; si no me queda bien pintada una pared, menos voy a poder con un cuadro; o la reina de todas, yo ya estoy muy viejo para eso.
¿Para qué untarme las manos?
Crear es algo inherente en todos nosotros, y en épocas de crisis, tomar un pincel puede ayudarnos mucho. Hacer arte es aprender a lidiar con las frustraciones, a vivir con un poco más de paciencia y aceptar que una obra solo se termina cuando estás totalmente convencido de ella. Si a Leonardo da Vinci posiblemente le tomó más de 10 años terminar la Mona Lisa, y hay quienes dicen que no la terminó ¿Por qué quieres terminar tu cuadro en una semana?
Como dice ese sabio dicho de madre, “De las prisas solo queda el cansancio”. A tu proyecto dedícale el tiempo y la calma, porque la idea en esta época es desestresarse y pasar un tiempo de calidad e introspección. Si por tus ocupaciones no puedes disponer de mucho tiempo, no desistas, organiza tu agenda o mejor, planea en familia un momento para explorar la vena artística de todos.
¡Me animé! ¿Alguna sugerencia?
Nuestras manos últimamente solo aferran tablets y celulares y nuestros dedos aprietan frenéticamente las teclas de la computadora. ¡Date un merecido descanso al utilizar un lapiz de color! Porque menospreciar aquellos libros con ilustraciones de contornos negros, si tienen tanto por ofrecer. Pintar un mandala o colorear un dibujo nos darán el mejor medio para redescubrir los movimientos de nuestra mano, soltar poco a poco ese peso que nos hace machacar las teclas y por ende nos hace encorvar más y más la espalda.
Relajarse y dejarse llevar, y sobre todo, no atormentarse si no está saliendo como lo habías planeado. Nuestro modelo occidental de perfección, nos ha hecho olvidar de algo llamado por los japoneses como wabi sabi: La belleza de la imperfección. Esos contornos imprecisos, un trazo que se marcó más fuerte, un manchón en la hoja hacen parte del aprendizaje y eso engrandece la obra. Si te animas a disfrutar este camino, recuerda visitar nuestra tienda, donde podrás encontrar libros y otros artículos los cuales podrás colorear y decorar a tu gusto.
Sigue tus instintos
Con seguridad buscarás nuevos retos cuando sientas más confianza en tu trabajo, y esa confianza vendrá acompañada de curiosidad. Tal vez buscando nuevos colores, te encuentres con unos acuarelables y termines anexando unos pinceles a tus herramientas para conseguir degradados más sutiles; o al querer tonos más vibrantes, encontraste los marcadores, entre los cuales puedes encontrar con pintura acrílica, con efectos tiza, etc.
Son muchas opciones y otras tantas dejaré por ahora en el tintero, pero espero darte una ligera idea de todo lo que te espera si abandonas los peros y buscas los por qué. En muchas culturas de Oriente existe lo que denominan Do, lo que hace referencia al camino infinito del aprendizaje. Lo sucedido en el 2020 y en el 2021 definitivamente es parte de ese recorrido, y siento al arte como esa maravillosa navaja suiza de MacGyver, un maravilloso medio para abrir todas las puertas, desechar los imposibles y seguir avanzando sin limitaciones.
